lunes, 26 de mayo de 2008

"El Viejo y el Mar", de Ernest Hemingway (1952)

Fantástica obra de Ernest Hemingway acerca de la tenacidad y la obstinación propias del ser humano

Si ha existido un elemento en esta nuestra tierra que desde tiempos inmemoriales a estado en continua relación con la raza humana, ayudando a esta en su eterno viaje por la exploración de los confines del planeta, proveyéndola de ingentes cantidades de preciados recursos y alimentos, y siendo una fuente eterna de leyendas, relatos e inspiración para gentes de toda condición y cultura, ese ha sido el océano, la enorme masa de agua que cubre la mayor parte de la superficie de la tierra y que constituye en sí mismo el bien llamado “otro mundo”, todo un universo aparte que, en muchos sentidos, ha permanecido oculto para nosotros durante mucho tiempo y que probablemente lo siga durante mucho más.

Ya se comporte como una fuente infundadora de respeto y de temor a los más atrevidos, o como un extraño y atrayente elemento que destila un embrujo especial por los cuatro costados, el mar ha sido, y siempre será, el entorno por excelencia para millones de personas, de la misma forma que lo ha sido para cientos de culturas a lo largo de la historia, muchas de las cuales han compartido una tradición y unas raíces arraigadas en lo más profundo de nuestros queridos océanos, forjando una relación antiquísima que ha llegado hasta nuestros días.

En este sentido, resulta prácticamente imposible de enumerar todas las obras artísticas en las que el ser humano ha tratado de reflejar esta preciosa comunión existente entre nosotros y el mar, entre nosotros y los infinitos océanos, ya sea en obras literarias, pictóricas, musicales o incluso cinematográficas, siendo posiblemente las primeras las que han servido como principal vehículo a lo largo de la historia para poder expresar este maravilloso sentimiento humano, muchas veces incomprendido e ignorado. Desde autores clásicos como Homero, pasando por autores contemporáneos como el fabuloso poeta Rafael Alberti, muchos han sido los autores que, de una forma u otra, han incidido en esta relación natural entre el hombre y el mar, dando lugar a un gran número de obras en las que el componente nostálgico es claramente visible, haciendo multitud de referencias a ese querido lugar de nacimiento situado junto al mar en el que muchos de nosotros hemos crecido y desarrollado una parte importante de nuestras vidas.

A pesar de que como ya he dicho, la lista de obras en las que se hace referencia a todo esto es prácticamente imposible de sondear y de explorar en su totalidad, si que existe una pequeña obra que me gustaría resaltar sobre todas las demás, una obra que jugó un importante papel en mi infancia y a la que todavía la tengo un aprecio y un afecto enormes. Se trata de la conocidísima obra literaria “El Viejo y el Mar”, magistral novela del siempre genial e influyente autor norteamericano Ernest Hemingway, uno de los escritores más importantes y cruciales de la primera mitad del siglo XX, el cual obtuvo el merecidísimo Premio Nobel de Literatura en 1954 en reconocimiento a toda su carrera literaria, llena de grandes obras maestras como “Por quién doblan las campanas”, “Adiós a las armas” o “París era una fiesta”.

A pesar de que la obra acerca de la que vamos a hablar a continuación no se trate del mejor trabajo de este gran escritor, ni se caracterice por ser una novela excesivamente complicada en su propuesta argumental ni en la utilización de los recursos literarios más variados, si que demuestra hasta cierto punto el hecho de que en algunas ocasiones no es necesario hacer uso de una retórica demasiado compleja para expresar una historia sencilla y muy humana como la que se nos narra en esta novela, especialmente si su autor sabe hacer un más que correcto uso del lenguaje como es el caso del gran Ernest Hemingway, faceta que nos demuestra con creces en esta maravillosa obra, la cual, para empezar, está dotada de un argumento extremadamente sencillo: el protagonista de la historia se llama Santiago, un viejo y veterano pescador que pasa las horas muertas sentado en su barca intentando atrapar algún que otro pez despistado a través de las corrientes del Golfo de México, en la zona Noreste del mar Caribe. Allí, un pequeño muchacho llamado Manolín le ayudará en sus faenas marineras, viéndose finalmente obligado a abandonarle espoleado por sus padres y por la búsqueda de un mejor trabajo junto a otros pescadores que le reporten más beneficios que Santiago, el cual lleva casi tres meses sin obtener una sola captura de importancia. Dándose cuenta de la postura en la que se encontraba, y sin perder las esperanzas de poder alcanzar una buena racha de una vez por todas, Santiago decidirá navegar en dirección al mar abierto, capturando por fin a un enorme pez espada con el que deberá entablar una titánica lucha previamente, saliendo finalmente victorioso el viejo pescador. Después de semejante triunfo, Santiago se verá a obligado a llevar casi a remolque al enorme pez, teniendo que enfrentarse a los diversos peligros del mar durante su vuelta a casa, los cuales acabarán teniendo funestas consecuencias para su flamante captura.

La historia que Hemingway nos expone en esta novela, así como la caracterización que hace de los dos personajes principales, resulta increíblemente emocionante a pesar de la sencillez del propio argumento, el cual nos habla de una historia acerca de la tenacidad y la obstinación humanas que se suelen presentar a la hora de alcanzar un objetivo concreto, una meta, o en el caso de Santiago, la captura de su vida: un enorme pez espada. La historia (que puede tener múltiples interpretaciones), está narrada cronológicamente en función de los hechos que van aconteciendo, y el lenguaje está muy cuidado, pudiente apreciar nombres y expresiones que son típicas del lugar de residencia del pescador (Hemingway residió en Cuba durante muchos años), lo cual, unido a la peculiar forma en la que la novela está organizada, y a la forma en la que el gran autor norteamericano nos habla acerca de esa maravillosa relación existente entre nosotros y el mar, convierten a esta obra en un verdadero clásico contemporáneo, de fácil lectura y altamente recomendable para todos aquellos amantes de la literatura y de sus grandes autores como el genial Ernest Hemingway.

1 comentario:

antoine doinel dijo...

Me has traido muchos recuerdos de hace unos cuantos años, cuando leí esta novela por recomendación de mi padre, al que sigo haciendo caso en este farragoso y embarrado mundo de la literatura.