miércoles, 21 de mayo de 2008

Las mejores escenas de la historia del cine (3)


Los grandes personajes históricos han sido siempre un tema recurrente en las grandes superproducciones de corte épica, las cuales (desde que el cine es cine), han inundado las pantallas de cine de todo el mundo, exhibiendo con todo lujo de detalles la vida de las personalidades que contribuyeron a cambiar el curso de la historia o que influyeron de algún modo en ella.

Muchos son los ejemplos que podríamos citar al respecto, desde las epopeyas bíblicas filmadas durante la década de los años cincuenta y sesenta ("Los diez mandamientos", "La historia más grande jamás contada"), pasando por el peplum y el cine de romanos de la misma época ("Alejandro Magno", "Espartaco", "Cleopatra"), hasta las grandes producciones de hoy en día, algunas de las cuales tratan de representar de forma más o menos fidedigna la vida de personajes actuales, propios del siglo XX ("El Aviador", "Gandhi", "El último emperador"). A pesar de todo, la veracidad con la que algunos directores plasman a estos personajes en la gran pantalla dista mucho de la realidad en bastantes casos, tergiversando importantes hechos y pasajes de la vida de estas personalidades con el único fin de beneficiar al argumento del film y obtener así un resultado más apetecible de cara el público en general.

Pero por otro lado, lo que es innegable es el hecho de que estas producciones (especialmente las realizadas en los años cincuenta y sesenta, en pleno apogeo de este tipo de cine), sirven como vehículo para que tanto el equipo técnico como el artístico demuestren delante de la cámara lo que son capaces de hacer, obteniendo así un ejercicio de profesionalidad que en algunos casos concretos deriva en auténticas obras maestras del cine, en joyas como de la que os voy a hablar a continuación.

La película que he seleccionado para esta tercera entrada acerca de las mejores escenas de la historia del cine no necesita presentación. Se trata de “Lawrence de Arabia”, monumental pieza maestra de ese grandísimo director llamado Sir David Lean, una de las mejores y más influyentes obras fílmicas jamás realizadas. La cinta, estrenada en 1962, nos habla acerca de la epopeya que durante dos años vivió el oficial del ejército británico T.E. Lawrence (interpretado magistralmente por Peter O´toole) en los desiertos de Arabia durante la Primera Guerra Mundial, ayudando y dirigiendo a los árabes en su rebelión contra el dominio Otomano.

La escena concreta que he extraído de la película es aquella en la que un pequeño grupo de soldados árabes dirigidos por Lawrence y por el Sherif Ali Ibn el Kharish (Omar Sharif), tratan de llegar al vital puerto otomano de Akaba atravesando el desierto del Nefud, considerado como inexpugnable por los árabes. Durante la marcha, uno de los soldados se da cuenta de que un jinete a desaparecido. Se ha quedado dormido y consecuentemente se ha caído de la montura de su camello. Desgraciadamente, nada puede hacerse por el, ya que el Sol saldrá pronto y debe haberse perdido varias millas atrás, por lo que su suerte está echada. De repente, Lawrence decide volver en su busca ante la indescriptible mirada de sus compañeros, en especial del Sherif Ali, el cual recalca el hecho de la muerte del jinete ya estaba escrita de ante mano y que nada se puede hacer por el. Pero Lawrence insiste, da media vuelta y vuelve en busca del hombre. Al cabo de unas horas, el oficial regresa con el moribundo montado en su propio camello, siendo recibido por todos y desmontando (al menos de momento), la creencia de que todo está escrito. Como veréis, el desierto es el verdadero protagonista de esta secuencia, dejando casi en segundo plano a los personajes, pero enriqueciendo al mismo tiempo a todo el conjunto. Es posible que no sea la escena cumbre de la película ni la más destacada, pero en mi opinión destila un sentimiento y una espectacularidad enormes.

2 comentarios:

José Luis dijo...

El cine nació para llegar a ver en la pantalla un espectáculo como Lawrence de Arabia. Buena escena, una en las que Lawrence desafia lo que está escrito. Aunque el destino acabe cumpliéndose más tarde y de forma mucho más dolorosa. Un abrazo, Diómedes.

PEPE DEL MONTGO dijo...

Yo subscribo lo que dices de las mejores escenas del cine y con tu permiso añadiria "Ben Hur"